¡CUIDADO CON VAINAS!

Más que “Los mata votos” Luís Britto García “Los mata sueños”
Martín Guédez

El padre y amigo Miguel Matos escribía en estos días “¡Cuidado con vainas!” ¡Nunca mejor dicho! Estamos en medio del fragor de una batalla decisiva así que ¡Cuidado con vainas! El enemigo de clase es abyecto, procaz y tan diablo por viejo como por diablo de modo que lo menos que podemos hacer es no subestimarlo. Ese enemigo les ha infligido las más dolorosas derrotas a los pueblos a lo largo de milenios y no posee límites éticos para manipular conciencias no bien equipadas. Caminando por esta Venezuela de nuestros amores y tormentos desde nuestros días mozos, no es difícil advertir una intolerable diferencia entre el amor y la pasión que despierta el Comandante y Líder de la Revolución y la desconfianza y rechazo que suscitan muchos de los funcionarios públicos cuya obligación es materializar y fortalecer esos sentimientos de amor.

Buena parte de los desalientos, dolores y heridas que encontramos en el corazón de nuestro pueblo tienen su origen y razón en la existencia de unos funcionarios públicos que entraban, obstaculizan y maltratan a un pueblo que acude a ellos confiando en que en ellos encontrarán una suerte de extensión del amor que el Comandante inspira.

Cierto que nada de esto debe ser obstáculo para no cejar en el empeño de construir la Patria que queremos ¡Cierto! “Cuando el clarín de la Patria llama hasta el llanto de la madre calla” mucho más deben callar los dolores cotidianos ¡Cierto! Nada justifica la traición a la Patria y a la humanidad ¡Nada! ¡Pero estoy persuadido de que al pueblo humilde, sencillo e ingenuo le cuesta mucho! Cada vez que se deja sin respuesta oportuna la necesidad de un compatriota, incluso cada vez que más que el silencio, el desdén toma forma de burla –si no  intencional al menos así sentida por la víctima- se está haciendo mucho más contra la Revolución y la Patria que todo cuanto pueda hacer la malicia del enemigo histórico con sus manipulaciones, sus mentiras y sus medios.

De esto tienen que tomar conciencia todos los funcionarios públicos, desde los porteros o recepcionistas hasta las ministras o ministros. Absolutamente todos los funcionarios públicos –sin importar su jerarquía- tienen que tomar conciencia de que son servidores públicos, pero mucho más allá, tienen que internalizar con el alma que son combatientes por la vida cuya responsabilidad consiste en visibilizar y encarnar los valores de una Revolución Socialista.  Tienen que asumir –mucho más allá del sueldo o el cargo- que cada uno de ellos significa la esperanza largamente acariciada de un pueblo y eso vale mucho más que todas las riquezas materiales y honores de esta vida.

La sociedad que estamos construyendo tiene como eje central, como alfa y omega al hombre, al ser humano, al prójimo, a ese ser humano en permanente proceso de transformación que se pone de manifiesto en cada acción por pequeña o cotidiana que sea o parezca. Construimos sobre estas bases o todo estaría perdido una vez más. Estamos obligados desde cualesquiera que sea la trinchera donde nos corresponda dar la batalla (educadores, servidores públicos, obreros, estudiantes, deportistas, etc., etc.) a ser portadores de una ética nueva caracterizada por ir más allá de los valores materiales –pesada carga aprendida- hacia los valores espirituales del amor al prójimo.

Enfrentamos el gravísimo desafío de las mismas fuerzas malignas que crucificaron a Jesús o redujeron a la soledad de San Pedro Alejandrino a nuestro Simón Bolívar. Sólo disponemos de una invencible fortaleza para alcanzar la victoria: el amor, la conciencia y la entrega. Debemos persuadirnos de corazón de que debemos emplear nuestros mayores esfuerzos en cultivar estos valores del hombre nuevo o seríamos causantes de la derrota –hoy o mañana, no precisamente el 7 de octubre- a manos del mismo hombre viejo que habita en nosotros mismos.

El Che, modelo de hombre nuevo, estaba consciente de este itinerario, de este duro éxodo por el desierto hacia la “tierra prometida” y decía que “la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica son los dos pilares de la construcción de la nueva sociedad…”, vale decir, la técnica en el ejercicio eficaz de las responsabilidades y la espiritualidad socialista para que esa técnica esté siempre al servicio del pueblo

Es imposible alcanzar la sociedad nueva sin esa conciencia. No es suficiente con el ordenamiento y desarrollo de las fuerzas productivas, se hace imprescindible la conciencia socialista. La conciencia convertirá en natural y fluida la calidad del servicio como elemento inseparable de la razón de vida. La conciencia es la que hace posible que se resuelva la contradicción indudable del hombre satisfecho en lo personal mediante el servicio al colectivo sin que lo perturben las urgencias de sus propios intereses.

La calidad del servicio se torna así una obligación para el servidor público socialista simplemente porque esa actividad satisface la necesidad del pueblo, y ese pueblo significa el fin último de todos sus desvelos. Ha de internalizarse el doble carácter del trabajo en la administración pública donde no debe existir el dilema entre trabajo individual o privado y el trabajo social tal como existe en ese capitalismo maligno que debemos superar. El trabajo personal se convierte así en trabajo para el colectivo, en trabajo para todos, en contribución a las necesidades sociales eje y razón fundamental del ser socialista.

Una sociedad nueva exige la creación de un hombre nuevo que la protagonice, una nueva conciencia de lo social que se coloque por delante de lo individual. El trabajo como servicio, entrega y realización plena es el instrumento más eficaz para ir edificando ese hombre nuevo. Un hombre nuevo que en esencia tiene que ser solidario, generoso, humano y fraterno; un hombre capaz de ver en todos a sus hermanos y por tanto amarlos como a sí mismo. Un hombre que sabe más para servir mejor, sin tolerarse mediocridades, exigiéndose a sí mismo la excelencia. Un hombre que sea capaz de vivir como piensa y más aún, de vivir como sueña.

“LA REDENCIÓN Y EL SOCIALISMO ESTÁ EN NUESTRAS PROPIAS MANOS” (Canción de Carlitos Ruíz)

¡¡¡VENCEREMOS!!!

 

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